Màs de 200 mujeres encuestadas, manifiestan recibir acoso callejero #NoEsPiropoEsAcoso

//Màs de 200 mujeres encuestadas, manifiestan recibir acoso callejero #NoEsPiropoEsAcoso

Màs de 200 mujeres encuestadas, manifiestan recibir acoso callejero #NoEsPiropoEsAcoso

Por. Saray Guevara Osorio.  Profesional en Filosofía. Magister en Gestiòn Publica y Desarrollo Gubernamental. 

Desde el 16 de agosto, se vivió una gran jornada para todas las mujeres caleñas, se lanzó la campaña contra el acoso callejero: #NoEspiropoEsAcoso, una invitación a movilizar a mujeres y hombres en una sola denuncia, ¡basta ya del acoso callejero!

Entre julio y agosto de 2019, como parte de una iniciativa de deconstrucción de imaginarios colectivos, se realizó en Santiago de Cali, una encuesta a más de 200 mujeres, de las cuales, el 99% afirmó ser víctima de acoso callejero constante.

El acoso callejero es definido por la socióloga Patricia Gaytán como “Una interacción focalizada entre personas que no se conocen entre sí, cuyo marco y significados tienen un contenido alusivo a la sexualidad. En esta interacción, la actuación de al menos uno de los participantes puede consistir en acciones expresivas o verbales, toqueteos, contacto físico, exhibicionismo y persecuciones, entre otras, que no son autorizados ni correspondidos, generan un entorno social hostil y tienen consecuencias negativas para quien las recibe.” (2007, pp. 52)

El “piropo”, esa frase incomoda que genera miedo, asco o rabia, hoy con más ahínco, problemática sociocultural, ha sido denunciado por las mujeres, según registro, desde el siglo XVI, aunque su existencia aproximada, se remonta al siglo XI. Tal vez su atornillamiento en la cultura, y por lo cual ha permanecido generación tras generación, refiere a su ambigüedad a definirlo o su ambivalencia al interpretarlo; en todo caso, el piropo ha transitado entre quienes lo definen como halago o cumplido, quienes lo admiten como sinónimo de cortesía, caballerosidad o galantería, entre quienes lo esconden tras la admiración de lo “bello”, y otras(os) que simplemente lo aceptan por ser parte de la adulación y lisonjearía del diario vivir.

Sin embargo, todo lo anterior, hace alarde de la idealización con la cual interpretamos el piropo, pues mientras transitamos por las calles, no hay “piropos bonitos” o “piropos feos”; lo que hay es una intromisión abrupta a nuestro fuero privado y personal, cualquier otra definición del piropo, es mera ficción.

El piropo callejero, no es nunca una invitación a establecer un vínculo comunicacional, sólo hay una relación entre un remitente anónimo – que es siempre sujeto – quien expresa de manera gestual o verbal un mensaje a un receptor anónimo – quien es siempre objeto; y tal mensaje, que por darse siempre en un espacio público y de anonimato, nunca será consentido.

Así pues, somos las mujeres, quienes hemos sufrido la constante del piropo desde siglos, que se ha convertido en un flagelo de la violencia sexual, física y psicológica a la que estamos expuestas, y que puede derivar en actos que atenten contra la vida misma, como lo son la violación y el abuso sexual.

Nuestro reclamo, “es un cambio en la forma de habitar la ciudad, concebirla, vivirla y construirla a partir del rechazo de prácticas que siguen reproduciendo acciones de violencia” (Carvajal, 2015, pp. 109) como lo es piropo callejero. 

Por eso hoy, cansadas, frutadas y con rabia, pero dispuesta a transformar esta realidad, denunciamos, a un grito unísono: #NoEsPiropoEsAcoso

Nota: Ésta campaña es una iniciativa conjunta, de la colectiva CARACOLAS EN RED PODEMOS, en colaboración con LAS JAIBAS, CASA FRACTAL Y ORINA FERRO PRODUCTORA.

Por | 2019-08-22T13:16:04-05:00 agosto 22nd, 2019|Opinión|Sin comentarios

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